sábado, 3 de julio de 2010

Una sorpresa inesperada

Sonó el timbre cuando Anna estaba en la bañera. Al oírlo pegó un brinco y paró de tararear su canción favorita. Con el pelo mojado hasta la cintura y una toalla alrededor de su esbelta figura corrío a la puerta trasera de la casa y salió para ver quien había llamado a la otra puerta. No se lo podía creer. Al ver quién era se le sonrojaron las mejillas de golpe, se puso las manos en la cara de impresión y la toalla cayó al suelo hasta dejar a la pobre chica completamente al desnudo. El chico pecoso y de ojos marrones, desesperado, fue a la puerta trasera para fisgonear y ver si había alguien dentro de la casa. Anna estaba de espaldas aún con las manos puestas en la cara ocultando sus labios y con los ojos verdes llenos de vergüenza. El chico se la encontró de espaldas desnuda. Viendo la toalla arrugada en el suelo y la larga melena de Anna, fue hacia ella y le tocó la espalda con dulzura. Ella sintió un cosquilleo escalofriante que la envolvió por completo. No quería volverse, pero estaba segura de que era él. Venga, tenía que hacerlo, no podía perderse aquella oportunidad. Y bueno, sin pensarselo dos veces se volteó con rápidez y se quedó mirándolo de frente unos segundos sin decir ni una palabra. Él se quito la camisa azul marino que llevaba puesta y se la puso a la chica por encima. Y, oh sorpresa, le regaló un beso en la mejilla y otro en el pecho. Entonces ella le agarró con ternura por la cintura y...



sonó el despertador de las 6:00

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