viernes, 2 de julio de 2010

No me dejes sola Charlotte

Michi era de las niñas que decían que cuando llevaba la razón, llevaba la razón. Aquel día llevaba camisa a cuadros, pantalón vaquero con trenzas y boina azul marina. Charlotte se había vuelto a escapar de casa, pero esta vez no había ido a casa de michi. Algo enfurruñada y con cara de pocos amigos michi se dirigió a casa de charly para hablar seriamente con su mamá. Llegó a la puerta de la casa y llamó al timbre bruscamente. La mamá de charly la recibió con los brazos en jarra y con una sonrisa suspicaz la invitó a pasar. El interior de la casa estaba como de costumbre, no había cambiado absolutamente nada, bueno si, en una pared de la sala de estar había un reloj de cuco de color rojo que parecía estar vivo porque no paraba de mirarla. La mamá de charly se dirigió a la cocina al escuchar el sonido de la cafetera y michi aprobechó para hacer una llamada telefonica al móvil de charlotte.
- pi, pi, pi..
-Charly, ¿estás ahí?
-eh.. ¿michi?
-oye, me tienes harta siempre yendo de un lado a otro sin avisarme, un día de estos me vas a matar del susto, ¿lo sabes?
-lo siento, pero.. me he ido a vivir a Manhattan.
-...
michi se quedó en blanco y empezó a jadear. Dejó caer el teléfono descolgado al suelo y antes de que viniera la mamá de charly salió a todo gas de la casa. Mientras iba corriendo por la calle se podía observar como caían las lágrimas al asfalto y como a medida que se iba alejando de la casa iba dejando huella. llegó a casa con la respiración entrecortada, subió las escaleras hasta llegar a su habitación y cojió unas tijeras de punta afilada que tenía en el lapicero. Se dirigió lentamente al cuarto de baño con los mocos casi por la barbilla, se acercó al espejo y miró su rostro atentamente. De repente empezó a cortarse el pelo mechón por mechón hasta quedarle completamente corto. Con un simple meneo de mano se despidió de su larga melena y prometió no volvérselo a dejar crecer hasta que no apareciera por allí su querida charlotte.

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