Esta vez fue Charly la que llamó a su puerta. Llevaba un vestido corto, demasiado quizás, con florecillas azules y lilas y los ojos rellenos de rojo y lágrimas. Era demasiado temprano para nada y Michi aún no había ni desayunado. la taza de chocolate estaba sobre la mesa de la cocina y toda la casa olía a dulce.
Charly entró por la puerta con los brazos apoyados acada lado de su cintura mientras Michi la miraba atentamente con los brazos en jarras y carita de preocupación. Obligó a Charly a sentarse en una de las sillas junto a la mesa y luego se arrodilló frente a ella, colándole las manos en las rodillas.
Charlotte se sorbió los mocos y las penas y se quedó mirando los ojitos verdes de Michi.
-¿Qué le ha pasado al pequeño mono?-pronunció Michi despacioy pausadamente.
Volvió a tragarse las penas despacio y luego levantó la cabeza apartándose el pelo de la cara.
-Que esta vez mono no ha sido buena y se ha quedado sin casa.
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