Hoy charly estaba más preciosa que nunca. Llevaba un vestido azul con encajes blancos y unos zapatos de charol que brillaban tanto que si mirabas hacia abajo podías reflejarte en ellos. La cocina de michi olía a mermelada de frambuesa y el calor que hacía allí era insoportable. Charly se acercó a la despensa, cogió la crema de cacahuete y probó un poco con la punta de los dedos. Michi prefirió la limonada que era menos empalagosa y no hacía que se te quedaran restos de cacahuete entre las muelas. El pequeño reloj de pared que había al lado de la repisa les hizo recordar lo tarde que era y que tenían que ir a casa de Anna a recuperar un libro de Harry Potter que llevaba allí desde hace mucho. Michi se apresuró a su habitación para ponerse los zapatos naranjas que le hacían juego con la camiseta y cerró la puerta de golpe. Charlotte la esperaba en la puerta de la casa con una sonrisilla pícara y los pelos alvorotados. Cojidas de la mano y dando brincos sin parar llegaron al barrio de al lado. La carretera olía a distintos sabores, pero ninguno era peor que el anterior. El camión de los helados pasaba justo por allí con una musiquilla alegre y un grupo de niños persiguiéndolo con caras de no haber comido helado en sus vidas. – ¡chocolate!, ¡fresa!,¡limón!- se les oía decir. Y sin darse cuenta llegaron a la casa de Anna, el número 23 de la calle Penny Lanne.
Continuará..
1 comentario:
quiero vivir en el número treintaydos de la calle Penny Lanne, para espiarles a través de los visillos.
sonrisa
(deastronauta)
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