Mark sacó de su bolsillo un pañuelo color amarillo y con dulzura se lo colocó a sophie en los ojos. El chico cogió a sophie en brazos y la montó con cuidado en el viejo ford rojo que papá le había regalado por su cumpleaños. Conduciendo no con mucho cuidado, llegarón a aquel lugar. Con una sonrisa de oreja sacó a sophie del asiento delantero del viejo ford y la llevo al centro de la montaña. La melena de sophie empezó a ponerse en movimiento con sus ojos verdes tapados por aquel pañuelo amarillento. Hacía frío, tanto que podía sentir como los copos de nieve rozaban sus labios color carmín, pero la mano de Mark era cálida y hacía que se sintiera un poco más protegida frente a todo aquel frío. El chico pecoso y de pelo oscuro fue quitando con delicadeza el pañuelo que envolvía los ojos de aquella chica de ojos verdes. Sophie llevaba tanto rato con los ojos cerrados que ya se había acostumbrado, y al abrirlos los primeros rayos de sol la dejaron sin visibilidad alguna. Permanecía quieta, frente a Mark y sin decir ni una sola palabra. El chico con las orejas llenas de rojo por el frío, empujó suavemente a Sophie hasta caer al suelo repleto de nieve y se incorporó encima de ella con los pelos mojados y algo alvorotados por el frío. Sophie sintió como un cosquilleo de dulzura le recorrió todo el cuerpo. Sus manos estaban temblando y Mark seguía mirándola sin apartar la vista de sus ojos. El chico pasó una vez su dedo por el contorno de los labios de sophie y la chica vió como sus labios y los de él se acercaban más y más hasta que se encontraron. Los labios de Mark sabían a algo muy dulce y a la vez amargo, quizás por eso Sophie no se cansaba de saborearlos.
- Bueno, para ser mi primer beso no ha estado nada mal.- Se dijo la chica para sí misma.
Y Mark con sus manos cálidas aunque frías por la nieve,empezó a quitarle a Sophie su precioso traje floreado y su ropa interior lisa de color arándano. Sophie tenía el cuerpo desnudo y su larga melena le tapaba los pechos. Mark volvió a tocarle una vez más el labio superior con la yema de los dedos y Sophie sintió como su barriga gemía con las primeras cosquillas de placer.
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