sábado, 24 de julio de 2010

Abrazo de osito peludo

Era de noche, pero una luz en el pasillo brillaba con fuerza. Michi llevaba puesto su pijama favorito, el de rayitas blancas y verdes y la pequeña Ann dormía tan profundamente que se le escuchaba respirar desde aquí.
Michi bajó de su cama y se puso las zapatillas, tenía los pies helados y el crujir del parquet le estaba poniendo algo nerviosilla. Con cuidado se dirigió al pasillo.
-Oh, no- dijo con cara de niña con frío.
Su mamá se había vuelto a dejar la ventana del pasillo abierta y un puñado de luciérnagas se había metido en su casa alumbrado todo el lugar. La pequeña Ann se depertó de golpe, y al ver que su hermana mayor no estaba con ella se fue corriendo a buscarla. La pequeña apareció sigilosamente por una esquinita del pasillo y Michi con los ojos abiertos como platos le hizo un gesto para que la acompañara. Aquella noche las luciérnagas que había en casa de Michi se le veían reflejadas en sus ojos grises y Ann se volvió a quedar dormida, pero esta vez, contemplando a las pequeñas luces que había venido a acompañarlas.